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miércoles, 8 de mayo de 2013

La Iglesia tiene un clero pagado?


¿La Iglesia tiene un clero pagado?


Respuesta Personal de Richard Neitzel Holzapfel
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En general, las organizaciones que operan a través de un modelo de ministerio pagado difiere, en varias maneras, del modelo de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. En un modelo de ministerio pagado, la persona a menudo decide obtener capacitación (un grado) y, a continuación, postula a un trabajo como ministro. Su salario generalmente depende de la congregación (si se trata de una gran iglesia, éste puede ser generoso, y si se trata de una pequeña iglesia rural puede ser muy modesto).

La Iglesia opera a través de un modelo de sacerdocio laico, con pocas excepciones. Los oficiales de la Iglesia llaman a los miembros a servir en una posición de liderazgo sin indemnización durante un período determinado de tiempo y sin ningún tipo de capacitación especial o grados. Estos miembros continúan en su trabajo y sirven en la Iglesia mientras no están trabajando. Estas personas aceptan llamamientos y los cumplen como parte de su compromiso con Jesucristo, a sabiendas de que en algún momento serán relevados de su papel de liderazgo, y que otro miembro local será llamado a tomar su posición. Un día una persona puede servir como un obispo (un líder en una unidad local) y al día siguiente ser relevado y llamado a enseñar a los niños.
Sin embargo, un pequeño número de líderes de la Iglesia que son llamados a servir a tiempo completo recibe un “estipendio de subsistencia.” Ellos no obtienen ninguna formación especial o grados, y no postulan a un puesto. Cuando son llamadas por los oficiales de la Iglesia, dejan su trabajo a tiempo completo y, por lo general, se mudan a una nueva ubicación para cumplir con su nueva asignación según las instrucciones de sus líderes. Aquellos llamados a un servicio de tiempo completo comprenden cerca de 350 presidentes de misión, que prestan servicio por un período de tres años y, cerca de 100 Autoridades Generales, que prestan servicio a tiempo completo en la sede de la Iglesia, por diversos períodos de tiempo. De este último grupo, quince profetas, videntes, y reveladores sirven hasta que mueren. Algunas Autoridades Generales son muy acomodados económicamente y no necesitan un estipendio. La práctica actual de proporcionar un estipendio a un número limitado de personas por un período determinado, permite a la Iglesia llamar a personas de un grupo más amplio que las que son muy acomodadas económicamente. Una vez que los presidentes de misión y algunas Autoridades Generales son relevadas de sus llamamientos, vuelven a su empleo o se mudan donde deseen. A su regreso, a menudo son llamados a servir como líderes laicos en la organización local de la Iglesia.
El dinero para los estipendios de subsistencia proviene de los ingresos producidos por las empresas en las que la Iglesia tiene inversiones. Hasta ahora, por lo menos, no se ha utilizado los pagos de diezmos para este fin. El importe de los estipendios de los presidentes de misión depende de las necesidades y circunstancias (las misiones en la ciudad de Nueva York y Londres son más caras que en otros lugares). Curiosamente, todas las Autoridades Generales reciben el mismo estipendio: el Presidente de la Iglesia recibe el mismo estipendio que un miembro del Primer Quórum de los Setenta. Cabe mencionar que hay un pequeño extra para algunos que tienen hijos a su cargo (una cantidad x de dólares por niño). Se espera que el estipendio permita un estilo de vida cómodo, pero modesto.
El modelo de la Iglesia de otorgar un estipendio de subsistencia se basa en diversas referencias de las Escrituras “porque el obrero es digno de su salario”, un principio que se aplica tanto a asuntos temporales como espirituales (véase Doctrina y Convenios 31:5; 106:3; 24:3, 7,9; 41:7 , y 42:70-73).
Tomado de mormonismo.net

martes, 27 de septiembre de 2011

Adversidad - Nos purifica





"En el dolor, la angustia y los heroicos esfuerzos de la vida, pasamos por el fuego purificador, y aquellas insignificancias de nuestra vida pueden derretirse como la escoria y hacer que nuestra fe brille intacta y fuerte. De esta manera, la imagen divina puede reflejarse desde el alma. Es parte del precio purificador que se requiere de algunos para que puedan llegar a conocer a Dios. En las angustias de la vida, parece ser que escuchamos mejor los ligeros y santos susurros del Divino Pastor. A la vida de cada persona llegan los días de dolor, desesperación, adversidad y golpes. Parece que hay angustia, dolor y desilusiones de sobra para todos, incluso para aquellos que con la mayor sinceridad buscan hacer lo justo y permanecer fieles. Los aguijones que punzan, que se clavan en la carne, que hieren, a menudo cambian vidas que parecen desprovistas de significado y esperanza. Ese cambio llega a través de un proceso de refinamiento que a veces parece cruel y duro. De esta manera el alma puede llegar a ser como suave arcilla en las manos del Maestro para modelar vidas de fe, utilidad, belleza y fortaleza. A algunos, el fuego purificador les hace perder la creencia y la fe en Dios, pero aquellos que poseen una perspectiva eterna comprenden que tal purificación es parte del proceso de perfeccionamiento."
(Pte. James E. Faust, Liahona febrero 2006, pág.4)

martes, 29 de marzo de 2011

Ley de Sacrificio - Nos santifica


"No olvidemos al Señor en nuestro día de prosperidad, sino mantengamos el espíritu de la ley de sacrificio y démosle siempre gracias por lo que tenemos, aunque no sea tanto como lo que tienen algunas otras personas. El sacrificio que el Señor nos pide es que nos despojemos por completo del "hombre natural" y de toda impiedad con él asociada. Cuando nos entreguemos por completo al Señor, Él llevará a cabo un cambio poderoso en nosotros, y nos convertiremos en personas nuevas, justificadas, santificadas y nacidas de nuevo con Su imagen en nuestros rostros. Como sucede siempre, nuestro Señor y Salvador manifestó el ejemplo supremo de sacrificio. Su misión divina culminó cuando entregó Su vida a cambio de nuestra redención. A través de Su sacrificio personal, nos proporciona una vía para que se nos perdonen nuestros pecados y regresemos a la presencia de nuestro Padre. Si algo temo es que el principio del sacrificio esté perdiendo importancia para nosotros, pues se trata de una ley de Dios y tenemos la obligación de comprenderla y practicarla. Si el ser miembro de esta Iglesia se torna algo demasiado fácil, los testimonios se volverán superficiales y las raíces de los mismos no profundizarán en el suelo de la fe, como sí sucedió con nuestros antepasados pioneros. Ruego que Dios nos conceda a cada uno de nosotros un entendimiento de la ley de sacrificio y la convicción de su necesidad hoy día. Es de vital importancia que entendamos esa ley y la vivamos."
(Elder M. Russell Ballard, Liahona marzo 2002, pág. 20)


martes, 28 de septiembre de 2010

Tiempo - No perderlo


"Hay peligro en la frase "algún día" cuando en realidad significa "hoy no". "Algún día me arrepentiré". "Algún día lo perdonaré". "Algún día hablaré con mi amigo acerca de la Iglesia". "Algún día comenzaré a pagar el diezmo". "Algún día regresaré al templo". "Algún día.". En las Escrituras está claro el peligro de postergar. Esto es, que podríamos descubrir que se nos ha acabado el tiempo. Dios, quien nos da cada día como un tesoro, requerirá que le rindamos cuentas. Nosotros lloraremos y Él llorará, si hemos tenido la intención de arrepentirnos y de servirle en los mañanas que nunca llegaron o en los ayeres con los que hemos soñado, cuando ya ha pasado la oportunidad de actuar. El "hoy" es un don preciado de Dios. El pensamiento "Algún día lo haré" puede robarnos las oportunidades que nos da el tiempo y las bendiciones de la eternidad."
(Pte. Henry B. Eyring, Liahona mayo 2007, pág. 89)

lunes, 14 de junio de 2010

No perder El Tiempo

Tiempo - No perderlo

"Hay peligro en la frase "algún día" cuando en realidad significa "hoy no". "Algún día me arrepentiré". "Algún día lo perdonaré". "Algún día hablaré con mi amigo acerca de la Iglesia". "Algún día comenzaré a pagar el diezmo". "Algún día regresaré al templo". "Algún día.". En las Escrituras está claro el peligro de postergar. Esto es, que podríamos descubrir que se nos ha acabado el tiempo. Dios, quien nos da cada día como un tesoro, requerirá que le rindamos cuentas. Nosotros lloraremos y Él llorará, si hemos tenido la intención de arrepentirnos y de servirle en los mañanas que nunca llegaron o en los ayeres con los que hemos soñado, cuando ya ha pasado la oportunidad de actuar. El "hoy" es un don preciado de Dios. El pensamiento "Algún día lo haré" puede robarnos las oportunidades que nos da el tiempo y las bendiciones de la eternidad."
(Pte. Henry B. Eyring, Liahona mayo 2007, pág. 89)

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