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domingo, 18 de septiembre de 2016

Plan de salvacion o Plan de felicidad

EL PLAN DE SALVACIÓN

Tiene Dios un plan para mi?
De donde vengo?
A donde voy?
Que hago en la tierra?
Que pasa después de la muerte?

#Jesucristo #mormon #Vida #Felicidad #Gozo #Familia #Dios #muerte

lunes, 30 de septiembre de 2013

¿CUÁNTO DINERO GANA THOMAS S. MONSON?

 

TSmonsonThomas S. Monson es el presidente y profeta de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. El papel del profeta es uno de los pocos puestos religiosos de tiempo completo a disposición de los mormones. (Hay, por supuesto, trabajos ordinarios tales como secretarios que hacer trabajo de tipo administrativo). Sólo los profetas y apóstoles, entre todos los líderes religiosos de toda de la iglesia, trabajan a tiempo completo. El resto son voluntarios. Por ejemplo, cuando Mitt Romney sirvió como obispo (un pastor laico), él tenía un empleo regular en su comunidad  y éste mantenía a su familia. La extensa obra de un obispo se hacía después de que se cumpliera con las responsabilidades laborales y familiares.
Aunque el profeta, sus dos consejeros, y los doce apóstoles (los consejeros también son apóstoles), sirven a tiempo completo, no reciben un salario. Esto se debe a las advertencias bíblicas acerca de la superchería sacerdotal ––la capacidad de hacerse rico haciendo el trabajo de la Iglesia. Ya que la mayoría de quienes sirven en estas posiciones son mayores, a menudo tienen pensiones u otras fuentes de ingresos privados, a pesar que ya no pueden tener un empleo aparte. Los que no, reciben un modesto estipendio les permite vivir en un nivel de vida razonable, pero no para convertirse en ricos. Aunque la mayoría de las religiones pagan a sus ministros y muchos líderes de las iglesias populares enriquecen, un líder mormón sólo puede alcanzar la riqueza antes de ser llamado al servicio a tiempo completo. Independientemente de cuánto dinero reciba la Iglesia, los líderes no se benefician de ese dinero de manera personal.
Debido a la privacidad, la Iglesia no revela de quién está recibiendo ayuda financiera de la Iglesia, ya sea un miembro de la Iglesia común que reciba ayuda caritativa o un líder que reciba un pequeño estipendio. Thomas S. Monson se convirtió en un apóstol a la edad de 36 años, una edad inusualmente joven para tal llamamiento (también fue un obispo inusualmente joven). Antes de su llamamiento, él había trabajado en la industria de la imprenta como el Gerente General de Prensa de Deseret News. Es posible que reciba un estipendio, debido a lo joven que era cuando dejó el empleo pagado, pero también es posible que por otro lado, sus hijos y otros familiares lo apoyaran. Incluso es posible que haya tenido que invertir ahorros que lo apoyaran. El cómo se mantenga realmente no es importante. Sin embargo lo hace, él no recibe un cheque de pago o una participación del dinero recibido por la Iglesia.
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Si se da un estipendio, no viene de dinero del diezmo. A diferencia de muchas iglesias, que cuentan todos sus negocios como parte de su ministerio, los mormones operan una
rama sin fines de lucro para sus negocios. Estas empresas pagan impuestos en la misma proporción que cualquier otro negocio y funcionan bajo una empresa holding (Sociedad financiera que posee o controla la mayoría de las acciones de un grupo de empresa). Es la rama sin fines de lucro la que proporciona el estipendio, de modo que el dinero donado por los miembros no se utilice para los salarios. El profeta no es dueño de estas empresas, ni tampoco recibe una parte de las utilidades de ellas. Las utilidades se utilizan para financiar la obra de la iglesia, incluyendo cosas como los salarios que no se deben pagar con fondos de los diezmos.
A los mormones les encanta ser parte de un sistema voluntario. Esto les permite servir a Dios totalmente desinteresadamente. No aceptan el servicio para ganar un sueldo, sino que lo aceptan totalmente porque aman a Dios y desean servirle y ser parte de Su obra. Hay, por supuesto, recompensas que van mucho más allá de lo que un cheque de pago podría proporcionar.
imagesLos mormones no suelen elegir sus llamamientos. Cuando un(a) líder de una organización necesita a alguien para ocupar un puesto, él o ella considera los posibles nombres de las personas que conoce o que podrían estar disponibles. A continuación, evalúa los nombres, oran en busca de inspiración, y luego elige a uno. Ora para saber si este nombre es aceptable para Dios y si lo es, se lo da al obispo para su aprobación. Esto se hace porque él sabe más sobre la persona y si esa persona está realmente disponible para el puesto. Cuando todos han orado y están de acuerdo, a la persona elegida se le invita a aceptar el llamamiento. Sabiendo que es de Dios, la mayoría de los mormones aceptan incluso si no se sienten capacitados para el puesto. Por supuesto, si hay información que él o ella podría tener que es pertinente, tal como una situación familiar grave que requiere prioridad, la persona pedirá que se considere eso.
Las personas en general, cambian de posición cada cierto número años. Esto les permite servir en una amplia gama de posiciones al pasar los años y así poder ganar muchas habilidades. También ello mejora su comprensión de la organización de la iglesia ya que la ven desde muchos puntos de vista diferentes. No hay ascensos, por lo que una persona podría ser la presidente de la Primaria de los niños una semana, y un asistente a un líder de la guardería la siguiente y no se consideran una degradación de ninguna manera. Es simplemente otra responsabilidad.
Las habilidades aprendidas a través del servicio en la Iglesia a menudo obligan a las personas a salir de su zona de comodidad. Una seguidora tímida puede encontrar que se le pide dirigir una gran organización de mujeres. A un hombre que no se siente organizado se le puede pedir ocupar la posición de secretario ––una posición que requiere amplias habilidades de organización. A una persona nueva en la Iglesia se le puede pedir que enseñe una clase, a pesar de que primero tendrá que aprender las doctrinas que va a enseñar. A medida que la gente acepte posiciones para las que nunca se hubieran ofrecido como voluntarios, ellos llegan a ser más de lo que imaginaban que podrían ser. Los mormones creen que Dios los conoce perfectamente y sabe todo lo que son capaces de llegar a ser. Cuando Él elige un llamamiento para ellos, a menudo Él los pone en una situación que requiere del crecimiento necesario para convertirse en la persona que Dios sabe que pueden ser.
Desde un punto de vista práctico, algunas habilidades aprendidas en la iglesia más tarde se convierten en habilidades de trabajo. Un adolescente que descubre que tiene un don para la enseñanza podría decidir especializarse en la educación. Alguien invitado a dar clases de alfabetización puede hallar que es muy gratificante y seguir una especialización en alfabetización de adultos o decidir voluntariamente enseñar en la comunidad una vez que ya no sea su trabajo en la Iglesia. Muchos de los que obtienen habilidades de oratoria o habilidades de liderazgo en la Iglesia llegan a ser líderes en los negocios o el gobierno. Esto también es parte del plan de Dios para ayudarnos a crear la vida que Él quiere que llevemos.
Los mormones en todos los niveles de la Iglesia sirven a Dios con alegría y con amor, encantados de formar parte de Su evangelio.

miércoles, 8 de mayo de 2013

La Iglesia tiene un clero pagado?


¿La Iglesia tiene un clero pagado?


Respuesta Personal de Richard Neitzel Holzapfel
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En general, las organizaciones que operan a través de un modelo de ministerio pagado difiere, en varias maneras, del modelo de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. En un modelo de ministerio pagado, la persona a menudo decide obtener capacitación (un grado) y, a continuación, postula a un trabajo como ministro. Su salario generalmente depende de la congregación (si se trata de una gran iglesia, éste puede ser generoso, y si se trata de una pequeña iglesia rural puede ser muy modesto).

La Iglesia opera a través de un modelo de sacerdocio laico, con pocas excepciones. Los oficiales de la Iglesia llaman a los miembros a servir en una posición de liderazgo sin indemnización durante un período determinado de tiempo y sin ningún tipo de capacitación especial o grados. Estos miembros continúan en su trabajo y sirven en la Iglesia mientras no están trabajando. Estas personas aceptan llamamientos y los cumplen como parte de su compromiso con Jesucristo, a sabiendas de que en algún momento serán relevados de su papel de liderazgo, y que otro miembro local será llamado a tomar su posición. Un día una persona puede servir como un obispo (un líder en una unidad local) y al día siguiente ser relevado y llamado a enseñar a los niños.
Sin embargo, un pequeño número de líderes de la Iglesia que son llamados a servir a tiempo completo recibe un “estipendio de subsistencia.” Ellos no obtienen ninguna formación especial o grados, y no postulan a un puesto. Cuando son llamadas por los oficiales de la Iglesia, dejan su trabajo a tiempo completo y, por lo general, se mudan a una nueva ubicación para cumplir con su nueva asignación según las instrucciones de sus líderes. Aquellos llamados a un servicio de tiempo completo comprenden cerca de 350 presidentes de misión, que prestan servicio por un período de tres años y, cerca de 100 Autoridades Generales, que prestan servicio a tiempo completo en la sede de la Iglesia, por diversos períodos de tiempo. De este último grupo, quince profetas, videntes, y reveladores sirven hasta que mueren. Algunas Autoridades Generales son muy acomodados económicamente y no necesitan un estipendio. La práctica actual de proporcionar un estipendio a un número limitado de personas por un período determinado, permite a la Iglesia llamar a personas de un grupo más amplio que las que son muy acomodadas económicamente. Una vez que los presidentes de misión y algunas Autoridades Generales son relevadas de sus llamamientos, vuelven a su empleo o se mudan donde deseen. A su regreso, a menudo son llamados a servir como líderes laicos en la organización local de la Iglesia.
El dinero para los estipendios de subsistencia proviene de los ingresos producidos por las empresas en las que la Iglesia tiene inversiones. Hasta ahora, por lo menos, no se ha utilizado los pagos de diezmos para este fin. El importe de los estipendios de los presidentes de misión depende de las necesidades y circunstancias (las misiones en la ciudad de Nueva York y Londres son más caras que en otros lugares). Curiosamente, todas las Autoridades Generales reciben el mismo estipendio: el Presidente de la Iglesia recibe el mismo estipendio que un miembro del Primer Quórum de los Setenta. Cabe mencionar que hay un pequeño extra para algunos que tienen hijos a su cargo (una cantidad x de dólares por niño). Se espera que el estipendio permita un estilo de vida cómodo, pero modesto.
El modelo de la Iglesia de otorgar un estipendio de subsistencia se basa en diversas referencias de las Escrituras “porque el obrero es digno de su salario”, un principio que se aplica tanto a asuntos temporales como espirituales (véase Doctrina y Convenios 31:5; 106:3; 24:3, 7,9; 41:7 , y 42:70-73).
Tomado de mormonismo.net

lunes, 8 de abril de 2013

Aprendamos acerca del ALBEDRIO


APRENDAMOS ACERCA DEL ALBEDRÍO

A veces oigo decir a la gente: “No es culpa mía”. ¿Cómo se relaciona eso con el principio del albedrío?

"Así pues, los hombres… son libres para escoger la libertad y la vida eterna, por medio del gran Mediador de todos los hombres, o escoger la cautividad y la muerte"
2 Nefi 2:27

El Padre Celestial te ha dado el albedrío, la habilidad de elegir entre el bien y el mal, y de actuar por ti mismo(a). Después de la dádiva de la vida misma, el derecho de dirigirla es uno de los dones más grandes que Dios te ha dado. Mientras estés en la tierra, se te probará para ver si utilizarás tu albedrío para demostrar tu amor por Dios al guardar Sus mandamientos. El Espíritu Santo puede guiarte para que utilices tu albedrío con rectitud.
Tú eres responsable por las decisiones que tomes. Dios te tiene presente y te ayudará a tomar buenas decisiones, aun cuando tu familia y amigos utilicen su albedrío en forma equivocada. Debes tener la valentía moral de permanecer firme en tu obediencia a la voluntad de Dios, aun cuando tengas que permanecer solo. Al hacerlo, darás el ejemplo que otras personas pueden seguir.

Si bien eres libre de elegir tu curso de acción, no eres libre de elegir las consecuencias. Ya sea para bien o para mal, las consecuencias son el resultado natural de las decisiones que tomes. Cierta conducta pecaminosa puede ocasionar placer mundano temporal, pero esas elecciones retrasan tu progreso y conducen a la angustia y a la desdicha. Las decisiones correctas conducen a la felicidad duradera y a la vida eterna. Recuerda, la verdadera libertad se obtiene al usar tu albedrío para elegir la obediencia; la pérdida de la libertad es el resultado de escoger la desobediencia.

Tienes además la responsabilidad de desarrollar los talentos y las aptitudes que el Padre Celestial te ha dado; y eres responsable ante Él por lo que hagas con tus talentos y a la forma en la que utilices tu tiempo. Elige realizar muchas cosas buenas por tu propia voluntad.

¿Están mis decisiones llevándome hacia la felicidad duradera?
www.lds.org

martes, 29 de marzo de 2011

Ley de Sacrificio - Nos santifica


"No olvidemos al Señor en nuestro día de prosperidad, sino mantengamos el espíritu de la ley de sacrificio y démosle siempre gracias por lo que tenemos, aunque no sea tanto como lo que tienen algunas otras personas. El sacrificio que el Señor nos pide es que nos despojemos por completo del "hombre natural" y de toda impiedad con él asociada. Cuando nos entreguemos por completo al Señor, Él llevará a cabo un cambio poderoso en nosotros, y nos convertiremos en personas nuevas, justificadas, santificadas y nacidas de nuevo con Su imagen en nuestros rostros. Como sucede siempre, nuestro Señor y Salvador manifestó el ejemplo supremo de sacrificio. Su misión divina culminó cuando entregó Su vida a cambio de nuestra redención. A través de Su sacrificio personal, nos proporciona una vía para que se nos perdonen nuestros pecados y regresemos a la presencia de nuestro Padre. Si algo temo es que el principio del sacrificio esté perdiendo importancia para nosotros, pues se trata de una ley de Dios y tenemos la obligación de comprenderla y practicarla. Si el ser miembro de esta Iglesia se torna algo demasiado fácil, los testimonios se volverán superficiales y las raíces de los mismos no profundizarán en el suelo de la fe, como sí sucedió con nuestros antepasados pioneros. Ruego que Dios nos conceda a cada uno de nosotros un entendimiento de la ley de sacrificio y la convicción de su necesidad hoy día. Es de vital importancia que entendamos esa ley y la vivamos."
(Elder M. Russell Ballard, Liahona marzo 2002, pág. 20)


viernes, 14 de enero de 2011

Expiación - Sana a las personas

"Yo ruego que el poder sanador de Cristo pueda extenderse por toda la tierra, difundirse en nuestra sociedad y llegar a nuestros hogares, para que cure el corazón de los seres humanos de la maldad y de los elementos negativos como la ambición, el odio y los conflictos. Yo creo que puede suceder. A fin de que el cordero pueda echarse con el león, la paz tendrá que vencer los conflictos y el poder curativo tendrá que sanar las heridas. Jesús de Nazaret sanó a los enfermos que lo rodeaban. Su poder regenerador nos asiste en la actualidad por medio del santo sacerdocio. Sus enseñanzas divinas, su ejemplo incomparable, su vida perfecta, su sacrificio completo traerán curación a los corazones sufrientes y reconciliación a los que discutan y griten, incluso paz a las naciones en guerra si la buscamos con humildad y perdón y amor. Como miembros de la Iglesia de Jesucristo, tenemos el ministerio de curar y el deber de vendar las heridas y calmar el dolor de los que sufren. Invoco al poder sanador de Cristo para que auxilie a este mundo lleno de ambición y contención; a familias desgraciadas por las discusiones y el egoísmo; a personas abrumadas por el pecado, los problemas y la tristeza, y doy mi testimonio de su eficacia y maravilla."
(Pte. Gordon B. Hinckley, Liahona enero 1989, pág.61)

martes, 21 de septiembre de 2010

Bondad - Cualidad cristiana Consagración, Servicio



"Quizás los actos cristianos más significativos sean los que nunca se hacen en público. Son los que se llevan a cabo espontánea y anónimamente, sin esperar recompensa ni agradecimiento. La conducta cristiana se origina en pensamientos cristianos, ya que el Señor "mira el corazón". Por tal razón, las enseñanzas de Cristo y Sus características naturalmente se reflejarán en nuestras acciones. Sonreiremos más, hablaremos con bondad, seremos corteses, todas éstas acciones que parecen insignificantes, pero que pueden tener un gran impacto en nuestra vida. Si una sonrisa, un saludo o un gesto amable pueden hacer felices a otros, qué enorme es en realidad nuestra capacidad de beneficiar a todo el mundo con la bondad cristiana. La bondad y la amabilidad representan un nivel del servicio cristiano, pero hay otros niveles. A veces se nos pide que demos más de lo que pensamos que somos capaces de dar o más de lo que queremos dar, y quizás nos sentimos abrumados por las responsabilidades que tenemos y por lo que se espera de nosotros. Es entonces que aprendemos que seguir a Cristo también requiere sacrificio, dedicación y valor."
(Elder Rex D. Pinegar, Liahona enero 1992, pág. 45)

lunes, 6 de septiembre de 2010

Enojo - Controlarse



"La forma en que nos relacionamos con los demás y los tratamos es una medida de nuestra disposición de seguir a Jesucristo. Muchos en este mundo se sienten atemorizados y enojados unos con otros. Si bien comprendemos esos sentimientos, debemos ser corteses en nuestro modo de hablar y respetuosos al tratar con los demás; esto se aplica especialmente cuando no estamos de acuerdo. El Salvador nos enseñó que amáramos aun a nuestros enemigos. La gran mayoría de nuestros miembros hace caso a este consejo; pero hay algunos que piensan que expresar su enojo personal o sus opiniones más recónditas es más importante que comportarse como vivió y enseñó Jesucristo. Invito a cada uno de nosotros, en forma personal, a reconocer que la forma en que discrepamos es una verdadera medida de quiénes somos y de si verdaderamente seguimos al Salvador. Es apropiado estar en desacuerdo, pero no es apropiado ser desagradable. La violencia y el vandalismo no son la respuesta a los desacuerdos. Si demostramos amor y respecto, incluso en circunstancias adversas, llegaremos a ser más como Cristo."
(Elder Quentin L. Cook, Liahona mayo 2010, págs. 84-85)

domingo, 16 de mayo de 2010

Fortalezcamos los Consejos

Fortalezcamos los Consejos
Por el élder M. Russell Ballard
Durante esta conferencia, los hermanos han enseñado desde este púlpito verdades claras y preciosas acerca del Evangelio de Jesucristo. Testifico que hemos escuchado “la voluntad del Señor... la intención del Señor... la palabra del Señor... la voz del Señor y el poder de Dios para salvación” (DyC 68:4). Como el Señor dijo en Su prefacio de Doctrina y Convenios: “Lo que yo, el Señor, he dicho, yo lo he dicho, y no me disculpo; y aunque pasaren los cielos y la tierra, mi palabra no pasará, sino que toda será cumplida, sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo” (DyC 1:38).
Espero recibir la ayuda del Señor porque deseo enseñar un importante principio con el mismo espíritu y claridad con que mis hermanos han enseñado.
En la vida preterrenal, Dios realizó un gran concilio para presentar Su glorioso plan relacionado con nuestro bienestar eterno.
La Iglesia del Señor está organizada en consejos en todos los niveles, comenzando con el Consejo de la Primera Presidencia y el del Quórum de los Doce Apóstoles y continuando con los consejos de estaca, barrio, de quórum, de las organizaciones auxiliares y de familia. El presidente Stephen L. Richards dijo: “La extraordinaria fuerza intelectual de nuestra Iglesia radica en gobernar por medio de consejos... He tenido bastante experiencia para saber lo valiosos que éstos son. No pasa un día en el que no pueda apreciar... la sabiduría de Dios en la creación de consejos para gobernar Su reino. Sin vacilar, les aseguro que, si se reúnen en consejo para deliberar, como se supone que lo hagan, Dios les dará las soluciones a los problemas que enfrentan” (Conference Report, octubre 1953, pág.86).
Como miembro de los Doce, presto servicio en varios consejos y comités de la Iglesia, reuniéndome regularmente con los líderes de las organizaciones auxiliares. Juntos deliberamos, escudriñamos las Escrituras y oramos pidiendo guía, mientras nos esforzamos por aprender la forma en que las organizaciones auxiliares pueden bendecir y fortalecer más eficazmente a los miembros de la Iglesia.
En muchos aspectos, los consejos generales de la Iglesia funcionan de manera muy similar a la de los de estaca y barrio. Todos los consejos de la Iglesia deben alentar el análisis libre y abierto al deliberar entre sí y al esforzarse por tener una comunicación clara y concisa. Los consejos deben analizar los objetivos y los asuntos de interés, siendo el entendimiento mutuo la meta final.
Los consejos de estaca y de barrio son la oportunidad ideal para que los líderes de todas las organizaciones dialoguen y se fortalezcan entre sí.
La finalidad principal de las reuniones de consejo de estaca y barrio no debe ser planificar sino coordinar actividades y ejercer mayordomía. En esas reuniones, los líderes del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares deben repasar juntos sus responsabilidades y encontrar la forma en que los programas de la Iglesia ayuden a los miembros a vivir el evangelio en sus hogares. Hoy día, tanto las personas solas como las familias necesitan la ayuda inspirada y sabia de la Iglesia para combatir las maldades del mundo.
En una reunión reciente de consejo con las presidencias de las organizaciones auxiliares de las mujeres, las hermanas me dijeron que muy pocas mujeres de la Iglesia expresan interés en poseer el sacerdocio; lo que desean es que las escuchen y valoren y hacer contribuciones significativas a la estaca o el barrio y a sus miembros para servir al Señor y ayudar a llevar a cabo lo misión de la Iglesia.
Por ejemplo, no hace mucho, hablábamos acerca de la dignidad de la juventud para prestar servicio misional. La presidenta Elaine Jack dijo: “Sabe, élder Ballard, si preguntáramos a las hermanas de la Iglesia, ellas quizás tengan algunas buenas sugerencias para preparar a la juventud para salir a una misión. Después de todo, ¡nosotras somos las madres de esos jóvenes!”
Las sugerencias de las hermanas pueden ayudar tanto en lo relacionado con la asistencia al templo como en una variedad de otros asuntos que a los líderes del sacerdocio puede costarles más resolver.
Hermanos, asegúrense de contar con la contribución fundamental de las hermanas en sus reuniones de consejo. Insten a todos los miembros del consejo a expresar sus sugerencias e ideas para que la estaca o el barrio funcione más eficazmente en la proclamación del evangelio, el perfeccionamiento de los santos y la redención de los muertos.
Lo ideal sería que todos los miembros del consejo de la Iglesia o de familia expresaran sus preocupaciones y sugirieran soluciones basadas en los principios del evangelio. Creo que la Iglesia y nuestras familias se fortalecerían si los presidentes de estaca y los obispos utilizaran sus reuniones de consejo para encontrar la forma de mejorar la calidad de las reuniones sacramentales, de perfeccionar la reverencia, de centrar nuestra atención en los niños y fortalecer a la juventud; de ayudar a las personas solteras, viudas o divorciadas, incluso a los padres que se encuentran en esa situación; de enseñar y hermanar a los investigadores y a los miembros nuevos; de mejorar la enseñanza del evangelio y muchos otros temas similares.
Durante la última mitad de este año, en combinación con cada conferencia de estaca, hemos estado llevando a cabo una reunión de capacitación especial, para analizar la moral de la juventud; lo hacemos con la participación de miembros de los consejos de estaca y barrio. Toda pregunta que me dirigieron durante el período de análisis se podría haber tratado en forma mucho más apropiada en una reunión de consejo de barrio; sin embargo, los que hacen las preguntas muy pocas veces piensan que han tenido la oportunidad de hacerlas y de expresar sus preocupaciones y ofrecer sugerencias en esas reuniones de consejo.
En esta época tan peligrosa, necesitamos el esfuerzo colectivo de los oficiales de la Iglesia, hombres y mujeres, ya que es necesario una atención absoluta de parte de todas las personas a las cuales se les ha confiado la labor de velar por el reino. Cada uno de nosotros tiene grandes responsabilidades individuales; sin embargo, es igualmente importante la responsabilidad que compartimos con otros de reunirnos en consejo en un esfuerzo unificado para resolver los problemas y bendecir a todos los miembros de la Iglesia. Cuando hacemos un esfuerzo colectivo, creamos sinergia espiritual, o sea, un incremento en la eficacia como resultado de la cooperación, cuyo resultado es mucho más grande que la suma de sus partes.
El antiguo moralista y fabulista griego Esopo, con el fin de ilustrar la fortaleza del sistema de colaboración, mostró una vara y pidió de entre sus escuchas a un voluntario que pensara que podía romperla; claro está que el voluntario pudo quebrar la vara con mucha facilidad.
Pero después, Esopo fue agregando más varas a la primera, hasta que al voluntario le fue imposible quebrarla todas juntas. La moraleja de la demostración es muy simple: Juntos podemos generar cooperación, lo que nos hace mucho más fuertes que cuando actuamos solos.
La intención de Dios no fue nunca que Sus hijos estuvieran solos en esta vida. Los hijos tienen padres y los padres tienen la Iglesia, con las Escrituras, los profetas y los Apóstoles, y al Espíritu Santo para ayudarles a comprender apropiadamente los principios y obrar de acuerdo con ellos en el cumplimiento de las responsabilidades de la paternidad.
El apóstol Pablo enseñó que el Salvador organizó la Iglesia completa, con Apóstoles, profetas y otros oficiales y maestros, “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe” (Efesios 4:12-13).
Pablo comparó a los miembros de la Iglesia y sus diferentes responsabilidades con el cuerpo:
“Pues tampoco el cuerpo es un sólo miembro, sino muchos...
“Pero ahora Dios ha colocado los miembros, cada uno de ellos, en el cuerpo, como el quiso...
“Pero ahora hay muchos miembros, aunque uno solo es el cuerpo.
“Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito; ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros...
“De manera que, si un miembro padece, todos los miembros padecen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan” (1 Corintios 12:14, 18, 20-21, 26).
Las Escrituras explican claramente que aun cuando nuestros respectivos cargos puedan ser diferentes y cambiar de tanto en tanto, todos los llamamientos son importantes para el funcionamiento de la Iglesia. Necesitamos que los quórumes del sacerdocio se afiancen y cumplan su autorizada mayordomía de origen divino, de la misma forma que necesitamos que la Sociedad de Socorro, la Primaria, las Mujeres Jóvenes, la Escuela Dominical y los comités de actividades lleven a cabo sus funciones esenciales. Y es indispensable que los oficiales de todas esas organizaciones inspiradas trabajen juntos, ayudándose mutuamente cuando sea necesario para el beneficio individual y de la familia.
Esta no es una obra del hombre, ni de la mujer, es una obra absolutamente de Dios, la cual se centra en la expiación de nuestro Señor Jesucristo.
Tengo algunas sugerencias específicas que, si se siguen, creo que nos ayudarán a cumplir más eficazmente con nuestras familias y nuestros llamamientos en la Iglesia.
Primero, concentrarse en los principios fundamentales
No hay duda de que durante esta conferencia se nos ha enseñado acerca de los principios fundamentales. Quienes enseñan deben asegurarse de que la doctrina permanezca pura y de que se enseñe; deben enseñar por medio del Espíritu, utilizando las Escrituras y los cursos aprobados; no deben traer a colación ni insistir en tratar temas de especulación o discutibles. Es preciso que estudien las enseñanzas de esta conferencia durante las noches de hogar y en las conversaciones familiares, pues fortalecerán su hogar. En un mundo plagado de pecado, conflictos y confusión, podemos encontrar paz y seguridad al obtener conocimiento y vivir las verdades reveladas del evangelio.
Segundo, concentrarse en la gente.
La coordinación y el planeamiento tienen su razón de ser, pero muchas reuniones de consejo comienzan y terminan allí. En lugar de repetir una letanía de planes e informes de organización, deben pasar la mayoría del tiempo en reuniones de consejo repasando las necesidades individuales de los miembros. Al hacerlo, es preciso recordar que el carácter confidencial de todo lo que se trate es fundamental. Los miembros del consejo deben mantener en estricta confidencia todos los asuntos que se hablen en las reuniones.
Tercero, promover una expresión de opiniones libre y abierta.
Esa actitud es esencial si deseamos alcanzar el propósito de los consejos. Los líderes y los padres deben establecer un clima que conduzca a la franqueza, donde toda persona sea importante y toda opinión sea valiosa. El Señor nos amonestó, diciendo: “Hable uno a la vez y escuchen todos lo que él dijere, para que cuando todos hayan hablado, todos sean edificados...” (DyC 88:122).
Los líderes deben proporcionar un tiempo adecuado para realizar las reuniones de consejo y recordar que los consejos son para que los líderes escuchen por lo menos en la misma medida que hablan.
Cuarto, recordar que la participación es un privilegio.
Con ese privilegio viene aparejada una responsabilidad: la responsabilidad de trabajar dentro de los límites de la organización, de estar preparados, de dialogar, de defender enérgicamente la posición que ustedes consideren correcta. Pero es igualmente importante la responsabilidad de apoyar y respaldar la decisión final del líder del consejo, aun cuando no estén totalmente de acuerdo con él.
El presidente David O. McKay contaba acerca de una reunión del Consejo de los Doce Apóstoles en la cual se estaba tratando un asunto de grave importancia. El y los demás Apóstoles estaban firmemente convencidos acerca de cierto curso de acción que se debía tomar y estaban preparados para expresar lo que pensaban en una reunión con la Primera Presidencia.
Pero, para su sorpresa, el presidente Joseph F. Smith no les pidió su opinión sobre el asunto, como era su costumbre. Lo que hizo fue levantarse y decir:
'Esto es lo que el Señor desea'.
"A pesar de que no estaba en completa armonía con lo que él había decidido...”, escribió el presidente McKay, “el Presidente de los Doce fue el primero en ponerse de pie y decir: ‘Hermanos, propongo que ésa sea la opinión y la decisión de este consejo’.
“‘Apoyo la moción’, dijo otro, y el voto fue unánime. No pasaron ni seis meses para que se demostrara la sabiduría de aquel líder” (Gospel Ideal, SLC: Improvement Era, 1953, pág. 264).
Cuando el líder de un consejo llega a una decisión, los miembros del consejo deben apoyarla de todo corazón.
Quinto, dirigir con amor.
Jesús enseñó que el primero y más grande mandamiento de la ley es: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente... el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:37, 39)
Los líderes del sacerdocio deben dirigir con “persuación... longanimidad... benignidad, mansedumbre... amor sincero... bondad y... conocimiento puro...” (DyC 121:41-42). Esos son los principios que deben guiar nuestras relaciones de prójimos en la Iglesia de Jesucristo.
Los que posean el sacerdocio no deben olvidar nunca que no tienen el derecho de ejercer la autoridad del sacerdocio como un garrote sobre las cabezas de los demás, ya sea dentro del seno familiar o en los llamamientos de la Iglesia.
El Señor le dijo a José Smith que “cuando intentamos encubrir nuestros pecados, o satisfacer nuestro orgullo, nuestra vana ambición, o ejercer mando, dominio o compulsión sobre las almas de los hijos de los hombres, en cualquier grado de injusticia, he aquí, los cielos se retiran, el Espíritu del Señor es ofendido, y cuando se aparta, se acabó el sacerdocio o autoridad de tal hombre” (DyC 121:37).
En otras palabras, cualquier hombre que diga que tiene poderes especiales del cielo con propósitos personales y egoístas y trate de ejercer el sacerdocio de una forma inicua dentro de la Iglesia o en su casa, sencillamente no comprende esa autoridad. El sacerdocio es para prestar servicio, no para exigir servidumbre; es compasión, no coacción; es cuidado, no control.
Quienes piensen de otra forma están actuando fuera de los límites de la autoridad del sacerdocio.
Felizmente, la mayoría de los padres y oficiales del sacerdocio guían con amor, de la misma forma que lo hacen la mayoría de nuestras madres y nuestros líderes de las organizaciones auxiliares. El liderazgo basado en el amor genera un poder increíble; es real y da resultados duraderos en la vida de los hijos de nuestro Padre.
Que el Señor los bendiga, mis hermanos, para que encuentren acuerdos inspirados y unidad al reunirse juntos en los consejos, en el servicio que se prestan el uno al otro. Sólo si lo hacen, pueden la Iglesia y nuestras familias comenzar a acercarse a la plenitud de su potencial de hacer el bien entre los hijos de Dios sobre la tierra.
Sé que Dios vive y que Jesús es el Cristo. Sé que podemos llevar a cabo mejor Su obra por medio de la unidad y el amor al sentarnos en los consejos unos a otros. Que seamos bendecidos para poder hacerlo, es mi humilde oración, en el nombre de Jesucristo. Amén.
Mensaje dado en la Conferencia General de octubre de 1993 y publicado en la Liahona de enero de 1994

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